Ya hablamos, hace unos años, de la brecha de género en el sector tecnológico, y la situación no ha cambiado mucho: en el sector de la ciencia y las tecnologías (las llamadas STEM), las mujeres representan solo un 16.7% de la fuerza de trabajo, siendo precisamente la de la informática y tecnologías digitales la industria con menor presencia femenina, tan solo un 14.3%.
Estos datos, aunque mejores que en años anteriores, aún están muy lejos de la paridad, y dejan claro que las mujeres no están adecuadamente representadas en el conjunto de personas encargadas del desarrollo de las herramientas digitales de las que, cada vez más, dependemos en nuestro día a día.
Curiosamente, esta brecha de genero en el desarrollo de herramientas no parece reflejarse a la hora de usarlas: un reciente estudio del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) indica que, en España, no existe una diferencia relevante por género en cuanto al nivel de aprovechamiento de recursos digitales. Acceso a internet, interacción remota con la Administración, uso de recursos educativos en linea… en general, el grado de penetración de estas tecnologías no varía mucho.
Es interesante notar, sin embargo, que las diferencias que sí existen en el uso de tecnologías digitales tienden a confirmar tendencias bien conocidas en el día a día más analógico: un ejemplo claro lo encontramos en el hecho de que las mujeres usen internet más a menudo para buscar información sanitaria, o en el contexto escolar, para comunicarse con maestros y participar en los famosos grupos de Whatsapp de padres y madres. Se trata de un reflejo digital de la tendencia por la que es a ellas a quien se le asigna, automáticamente, el rol de cuidadoras.
De la misma forma, las mujeres se ven más desproporcionadamente afectadas por delitos de violencia sexual en redes, a pesar de que en el resto de delitos digitales, existe una cierta paridad en cuanto al género de las victimas; la única excepción, aparte de la violencia sexual, son los delitos de coacciones y amenazas, en las que los hombres suelen ser más a menudo las víctimas.
Aunque no es algo absolutamente generalizado, si que se puede observar una tendencia parecida en toda Europa, por la cual cualquier supuesta brecha digital de género tiene más que ver con las diferencias ya preexistentes en la sociedad: nuevos medios, para los mismos problemas de base. Algo que debe servirnos, entre otras cosas, como un toque de atención: sobre el trabajo que todavía tenemos pendiente como sociedad, y sobre como la digitalización no tiene por que solucionar los problemas que la preceden.
